A night road: Sombras

17 sept 2010

Sombras

Aquí va la primera historia. Una de terror, que se me ocurrió hace poco.

   "Un grito desgarrador me arrancó de mi ensimismamiento. Dejé de contemplar la pantalla del ordenador con un brinco y pasaron cinco segundos hasta que reaccioné. Me levanté de mi escritorio y fui hasta el cuarto de mis padres, desde donde me parecía que había salido el chillido. Mi madre estaba acostada en la cama de matrimonio, y la oía sollozar intensamente. “Ha tenido una pesadilla”, pensé. Pulsé el interruptor de la luz pero nada ocurrió. Anduve por la habitación, iluminada por la luz de farola que entraba a través de las rendijas de la persiana, tanteando la oscuridad palmo a palmo con las manos hasta que di con la cama.

   - Mamá, soy yo, ¿qué te pasa? – dije en susurros mientras palpaba cama arriba.

   Su única respuesta fue un murmullo apagado. Me sorprendió descubrir que mi madre yacía echa un ovillo, con las piernas encogidas sobre el pecho y la cabeza entre los brazos, en un lío de sábanas y mantas retorcidas. Cuando le puse la mano en el torso, sus miembros se estiraron en un espasmo y profirió un alarido de pánico. Me aparte lde un brinco, sobresaltado por la reacción, mientras mi corazón palpitaba a gran velocidad y mis manos temblaban como las de un anciano. Haciendo alarde de autocontrol, dominé mis nervios e intenté calmar a mi madre, que yacía ahora tumbada boca arriba completamente estirada.

   - Ssssh, tranquila mamá, sólo ha sido una pesadilla.

   Nuestras miradas se encontraron y el terror de sus ojos hizo que mi estómago se replegara sobre sí mismo.

   - ¡Ti-tienes que ir-irte, hijo!

   La seguridad de su histérica afirmación consiguió que me entraran ganas de salir corriendo y esconderme debajo de mi cama.

   - Mamá, cálmate y cuéntame que has soñado.

   - ¡¡NO!! ¡Vete de aquí! ¡No era un sueño!

   Aquello estaba tomando tintes extraños.

   - ¿Qué dices? ¿El qué no es un sueño?

   - ¡¡Ellos!! ¡Ellos no lo son! ¡Debes irte ya!

   - Pero, mamá… De qué me estás hablando… ¿Quiénes son ellos?

   - ¡Te están buscando! ¡Saben que estás aquí! ¡¡CORRE ANTES DE QUE SEA TARDE!!

   El pánico de la voz de mi madre minaba poco a poco mi convicción de que sólo había tenido una pesadilla, y la espesa sensación de que algo malo, pero incomprensible para mi, había sucedido iba, lentamente, invadiendo mis sentidos.

   - Mamá, no te…

   - ¡¡QUÉ TE VAYAS!! ¡¡NO ES UN SUEÑO, NO ESTOY LOCA!! ¡¡VIENEN A POR TIIIII!!

   Los gritos de mi madre se convirtieron en un profundo gemido cuando sus brazos y piernas volvieron a tensarse encima de la cama. La perturbadora conversación me tenía tan absorto que no había sido capaz de fijarme en un extraño detalle: no había cambiado su posición desde el principio, había permanecido estirada de piernas y brazos a pesar de los gritos de advertencia y los forcejeos. Ahora mi madre se convulsionaba como si la tuvieran aprisionada, mientras profería gritos y sollozos, exhortándome a salir corriendo de allí.

   Mi tumefacta contemplación de la escena quedó interrumpida cuando el miedo se apoderó de mis higadillos y me dejó congelado el estomago. Por el rabillo del ojo acerté a percibir como la luz procedente de la calle desaparecía entre bultos que se movían por toda la habitación. Perdida ya toda compostura y sangre fría, salí entre tropezones de la habitación directo a la puerta de casa.

   Corrí por el largo pasillo y durante un segundo dudé si entrar en mi habitación para coger el móvil. Una fría punzada en la pierna me disuadió de pararme. Seguí mí desesperada carrera hacia la puerta envuelto en sombras: las luces de la casa se habían apagado, y, a excepción de mi ordenador que emitía un suave brillo azulado, la única iluminación de la casa provenía de la calle. Llegué a la puerta y comencé a forcejear con las llaves de la cerradura, pero mis manos enfriadas por el terror no respondían como debían. Eché un vistazo al pasillo, y después deseé no haberlo hecho. Las sombras de lo que fuera que me perseguía se proyectaban contra la pared. Oscuras figuras de silencioso desfilar se acercaban en procesión. Mi madre había dejado de gritar. Mi corazón latía desbocado. Quería salir de allí. Quería esconderme, quería quedarme quieto, quería correr, quería desaparecer, quería…

   Y la puerta se abrió. Salí al descansillo cerrando con un fuerte golpe y me precipité escaleras abajo, en la más completa oscuridad. En mi desesperada carrera me tropecé un par de veces por el camino, y en el último tramo me caí rodando. De nuevo el pánico me inundó, para desaparecer después con el golpe contra el piso.

   El frío tacto del suelo de mármol y el sabor a polvo llenaron mis sentidos. Lentamente, la confusión por el golpe fue remitiendo. La luz que entraba a través del ventanuco de las escaleras se proyectaba en un rectángulo delante de mí, veía con claridad las machas de la piedra y las imperfecciones.

   Entonces lo oí. Era como una letanía, un coro de voces sofocado que cada segundo estaba más cerca. El rectángulo de luz comenzó a dibujar en el suelo el desfile de sombras que tanto me aterraba. El miedo me invadió de nuevo con un golpe de adrenalina que me dio fuerzas para levantarme de un salto. Miles de dolorosas y frías punzadas por todo el cuerpo me hicieron trastabillar y caer de nuevo. Podía ver la calle a través de los cristales de la puerta, pero mis piernas no respondían. El dolor me hizo retorcerme, mientras me arrastraba hacia mi escapatoria. Un coro de sombras ocultó por completo la luz del exterior. Un alarido de terror trepó por mi garganta pugnando por salir. Abrí la boca, pero no sonó nada. Sentí asfixia y algo tiró de mis piernas, llevándome hacia la oscuridad.

   El silencio más absoluto se apoderó de mi mundo, roto únicamente por aquella constante letanía incoherente que me acompañaba en mi desesperado viaje hacia la negrura."

Continuará... ¿O no?

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